La expresión «todos los fenómenos surgen de la mente» suele malentenderse como si imagináramos el mundo y la realidad siguiera nuestros deseos. Esta reflexión propone otra lectura.
No niega el mundo exterior. Señala que las etiquetas emocionales y nuestra vivencia de alegría y dolor están influidas por comprensión, emoción y apego.
Las circunstancias ofrecen condiciones; cómo las interpretamos también influye en si nos sentimos atrapados o encontramos espacio.
Algo sucede.
Al sentirnos heridos puede aparecer resentimiento.
Al encontrar un aprendizaje podemos intentar soltar.
Como reflejos en el agua, los acontecimientos se viven a través de una mente cambiante. Expectativas, prejuicios y resistencia pueden añadir sufrimiento a lo ocurrido.
La práctica puede trabajar en la mente, además de actuar sobre el entorno.
Al depender menos de codicia, miedo y prejuicios, podemos aflojar las ataduras emocionales.
El estado interior influye en cómo vivimos las circunstancias. Observar los pensamientos puede ayudarnos a hacer las paces con nosotros mismos.
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