Nos quedamos en el pasado y en la inquietud futura, olvidando el presente que transcurre bajo los pies.
El presente no es solo un concepto temporal. Es el viento en los dedos, la respiración y la luz pasajera; pequeños instantes que forman la vida.
Vivir el momento no abandona la planificación ni la reflexión: afloja la obsesión y lleva la atención a una comida o una respiración. El arte también capta esa autenticidad fugaz: el pintor registra luz, el poeta emoción y el músico ritmo, como una celebración del presente.
Ganancias, pérdidas, alegrías y tristezas se viven en momentos concretos. Aprender a estar presentes es una forma sencilla de habitar la vida.
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