En esta época de información excesiva y prisa constante, corremos al trabajo, a las citas y a la siguiente meta. La mente se llena de inquietudes futuras y recuerdos pasados, alejándose del presente.
¿Cuánto tiempo hace que sintió de verdad sus pies sobre el suelo?
Hoy proponemos la meditación caminando. No exige sentarse con las piernas cruzadas ni cerrar los ojos: consiste en llevar la atención a los pies mientras se mueve.
¿Qué es la meditación caminando?
Es caminar con conciencia. Normalmente caminamos para llegar a un lugar; aquí prestamos atención al propio caminar. Una reflexión asociada a Thich Nhat Hanh recuerda que cada paso puede devolvernos al presente, el momento en que vivimos.
Cómo empezar una práctica breve:
1. Bajar el ritmo: elija un camino tranquilo y llano, en el parque o en casa. Camine aproximadamente a la mitad de su velocidad habitual.
2. Anclarse en el cuerpo: aparte la atención de los pensamientos agitados y llévela a los pies. Observe el talón al apoyar, el movimiento de la planta y los dedos al levantarse.
3. Acompañar la respiración: si resulta cómodo, pruebe dos pasos al inhalar y tres al exhalar. Mantenga el ritmo natural y estable, sin forzar.
4. Acoger las distracciones: la mente se desviará y no pasa nada. Cuando lo advierta, vuelva sin juzgar al contacto entre las plantas de los pies y el suelo.
Recuperar estabilidad, paso a paso
Podemos sentir inseguridad cuando la mente intenta sujetar respuestas inciertas en un futuro desconocido.
Al caminar, el suelo ofrece un apoyo tangible. Llevar la conciencia a los pies y sentir su contacto puede favorecer estabilidad y seguridad. No necesita estar en otro lugar: en este momento ya ha llegado a la experiencia presente.
La próxima vez que se sienta inquieto o sobrepasado, haga una pausa si puede. Levántese, dé unos pasos y sienta el suelo. Cada paso puede ayudarle a volver a una calma interior.
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