Muchas personas equiparan compasión con bondad, ternura o simpatía. En el budismo tiene un sentido más profundo que la lástima emocional.
Metta, bondad amorosa, desea alegría y bienestar a los seres. Karuna, compasión, desea que estén libres de sufrimiento.
La bondad amorosa desea felicidad; la compasión, libertad del dolor y las aflicciones. No es indulgencia ciega ni tolerancia sin límites: une sabiduría y buena voluntad.
La compasión con sabiduría reconoce la dificultad ajena y conserva estabilidad interior. Ofrece ayuda dentro de sus posibilidades, sin tener que absorber todo el dolor ni agotarse.
También podemos dirigir compasión a nosotros mismos. A veces perdonamos a otros y nos tratamos con dureza. Aceptar imperfecciones, reconocer errores y cuidar las propias heridas puede apoyar la compasión hacia los demás.
No se reserva solo a las personas amables; se extiende a todos los seres, incluso quienes nos dañaron. No exige aprobar el daño ni forzar el perdón. Puede ayudar a soltar el resentimiento sin abandonar los límites.
No requiere grandes gestos: hablar con consideración, aflojar rencores innecesarios y comprender dificultades ajenas son expresiones de una actitud clara, amable y firme.
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