Anatta, no yo, suele confundirse con borrarse, no pensar o ceder siempre. No niega la existencia vivida: invita a reconocer que lo llamado yo depende de sensaciones, pensamientos y recuerdos cambiantes, en vez de un núcleo permanente.
El aferramiento excesivo al ego puede aumentar el sufrimiento. Nos preocupan opiniones, ganancias, pérdidas, orgullo y estados de ánimo; hacer que todo gire alrededor de mí alimenta dificultades.
Soltar ese aferramiento no elimina la personalidad. Permite conservar preferencias y metas sin tomar cada herida como un ataque personal, atender a otros y aceptar el cambio con menos dominio del deseo y la vanidad.
Puede practicarse en lo cotidiano: menos cálculo en las relaciones y menos encierro en la autocompasión ante los reveses. Observe las ganancias y pérdidas y afloje gradualmente la tensión del ego.
Ese cultivo puede favorecer claridad, empatía y libertad, en vez de insensibilidad pasiva.
Descubra más en Everest Art Studios:
https://everestartstudios.com/collections/best-sellings

