En la práctica espiritual y la indagación filosófica, un obstáculo sutil puede ser el aferramiento al «camino correcto». Expresiones como «sacrificar el yo» comunican devoción, pero si se conserva la idea de un yo independiente que sacrificar o de un Dharma sólido que adquirir, puede persistir una forma oculta de visión errónea.
El apego al Dharma: la cadena de oro
La codicia, la ira y la ignorancia se comparan con cadenas de hierro. El apego a la sabiduría, a los estados espirituales o al propio camino de liberación puede parecer una cadena de oro: hermosa y sagrada, pero igualmente limitante. Se produce al confundir el dedo que señala la luna con la luna misma, o la balsa para cruzar el río con el destino final.
La ilusión del sacrificio
Afirmar que se «sacrifica el yo por el Dharma» puede reforzar una separación entre el yo y la verdad. La disolución descrita aquí consiste en soltar las construcciones conceptuales. Si seguimos identificándonos con sacrificar, esforzarnos o abandonar algo, el ego de quien renuncia puede fortalecerse mediante ese mismo esfuerzo.
La disolución del aferramiento mediante el no logro
Soltar el apego al Dharma significa reconocer que las etiquetas y las formas son medios hábiles, en lugar de sustituir una enseñanza inferior por otra superior. El artículo cita el Sutra del Diamante: «Incluso el Dharma debe abandonarse; con mayor razón, lo que no es Dharma». Cuando los conceptos, los razonamientos y hasta la alegría de practicar dejan de convertirse en ataduras, puede surgir una claridad que no requiere buscar fuera.
En la imagen de esta reflexión, se trata de un regreso vivo al hogar, sin intentar intercambiar sacrificio por verdad, pues la verdad nunca se había marchado. No propone un nihilismo pasivo.
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