Una práctica budista básica y extendida consiste en observar la respiración.
Para empezar no hacen falta rituales complejos, un entorno especial ni una afiliación religiosa; basta la disposición a serenarse y estar presente.
Entre respiraciones podemos encontrar un momento de conexión con nosotros mismos.
- ¿Qué es observar la respiración?
La atención a la respiración, Anapanasati, es un método importante de meditación budista.
Este comienzo no consiste en controlar, sino en observar el proceso natural de respirar.
Sienta el aire al inhalar.
Sienta cómo puede aflojarse el cuerpo al exhalar.
Observe la duración, profundidad y variaciones de cada respiración.
El propósito es reconocer con claridad:
«Estoy inhalando».
«Estoy exhalando».
La observación devuelve poco a poco la atención al presente.
- ¿Por qué empezar con la respiración?
Respirar forma parte natural de la vida.
Respiramos miles de veces al día y rara vez prestamos atención.
La mente suele vivir en el pasado:
recordando lo ocurrido;
lamentando elecciones anteriores;
pensando en cómo nos ven los demás.
O se va al futuro:
preocupándose por problemas que no han ocurrido;
planificando situaciones inciertas;
temiendo cambios desconocidos.
Pero la respiración sucede en el presente.
Observarla entrena el regreso al momento actual.
Ese regreso puede ayudar a aflojar parte de la tensión mental.
- Método básico de observación
Primer paso: encontrar un lugar tranquilo
Elija un lugar relativamente tranquilo y siéntese en una silla o con las piernas cruzadas.
Relaje el cuerpo y mantenga la espalda naturalmente erguida.
No busque una postura perfecta: importan comodidad y estabilidad.
Segundo paso: llevar la atención a la respiración
Cierre los ojos y observe suavemente la respiración.
Puede atender a la zona de la nariz:
al aire que entra;
al aire que sale.
O al abdomen:
su elevación al inhalar;
su descenso al exhalar.
Elija un punto y permanezca con él.
Tercer paso: reconocer la distracción
La mente se distraerá durante la meditación.
Puede pensar en trabajo, familia o recuerdos, o sentir distintas emociones.
Es normal.
No se culpe ni expulse los pensamientos por la fuerza.
Reconozca sencillamente:
«Mi mente se ha distraído».
Vuelva suavemente a la respiración.
Ese regreso ya es práctica.
- Posibles cambios con la práctica
La observación regular puede desarrollar conciencia.
Primero, puede reducir respuestas emocionales automáticas.
A veces respondemos de inmediato al enfado o quedamos atrapados en preocupaciones.
Observar la respiración puede abrir espacio entre emoción y acción.
Segundo, puede fortalecer la estabilidad interior.
El exterior cambia y la respiración nos acompaña.
Volver a ella ofrece un recurso para serenarnos.
Tercero, puede ayudar a conocernos mejor.
Al aquietarse la mente, advertimos hábitos, deseos y miedos.
Ver con claridad es un comienzo del cambio.
- Meditar no significa no tener pensamientos
Muchos principiantes creen:
«No debería pensar al meditar».
Pero no es así.
Los pensamientos aparecen de manera natural, como las nubes.
La práctica no exige destruirlos, sino dejar de seguirlos automáticamente.
Al aparecer un pensamiento, lo observamos y dejamos pasar.
Poco a poco reconocemos que
no somos cada pensamiento que surge;
no tenemos que obedecer a cada emoción.
- Llevar la atención a la vida diaria
La meditación no solo ocurre sentado.
Al caminar podemos notar los pasos.
Al comer podemos apreciar la comida.
Al trabajar podemos atender al presente.
Volver conscientemente al momento actual también es práctica.
Unos minutos de atención pueden ofrecer calma en una vida ocupada.
Volver a uno mismo con cada respiración
Observar la respiración es un método sencillo y profundo de meditación budista.
Invita a encontrar conciencia dentro de la vida, en vez de huir de ella.
Al observar el aire, también aprendemos a observar la mente.
Una respiración tras otra forma el ritmo de la vida.
Un momento consciente puede ser un comienzo de sabiduría.
Aunque el mundo siga cambiando, volver al presente puede favorecer estabilidad, paz y libertad interiores.
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