El budismo no se reduce a huir del dolor. Esta reflexión contempla el sufrimiento como una señal, en vez de un castigo.
Puede mostrar el cambio y los límites del control. Pérdida, inquietud y dolor permiten reconocer que lo apreciado no permanece siempre a nuestro alcance.
Las dificultades también pueden invitarnos a mirar hacia dentro y cultivar compasión. Reconocer el propio dolor puede ayudar a comprender el ajeno y tratar con amabilidad.
No se pide buscar sufrimiento deliberadamente. Cuando llega, podemos reconocerlo, comprender sus causas y aflojar el apego, sin huir siempre ni dejar que nos domine.
En esta mirada, la libertad incluye una relación menos atrapada con el dolor, además de comprenderlo y trabajar con sus causas.
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